Buscando Asilo Dentro del Laberinto Migratorio

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Dinora Martinez y su hijo Mario, 8, de El Salvador, quienes escaparon la violencia de las maras, posan para una foto afuera de Casa Raices.

La Mesilla, una remota aldea en el altiplano de Guatemala cerca de la frontera con México, era el único hogar que Yanira López Lucas conocía, pero la mujer de 42 años de edad y madre de tres se vio obligada a huir con sus hijos después de que fue testiga del asesinato de familiares y su hijo adolescente fue presionado para unirse a una pandilla local.

Yanira cruzó la frontera hacia México con Daniel, 15, David, 12, y Melany de cuatro años de edad y comenzó el largo y arduo viaje que la traería a Casa Raices, un casa refugio que se encuentra en una calle tranquila en el histórico vecindario de King William en San Antonio.

Yanira's Story por Rivard Report en Vimeo.

Odalma, una madre de 28 años, quien no quizo compartir su apellido por temor a repercusiones a sus familiares en su tierra natal, escapó de su hogar en El Salvador, emprendiendo en un peligroso viaje hacía el Norte por Guatemala, México y a través de una segunda frontera hacia Texas con su hija Yanessa de dos años de edad en brazos todo el camino. Odalma fue amenazada por miembros de la Mara Salvatrucha, después de que un familiar comenzó una campaña política en su ciudad y ella lo apoyó.

La violencia de las pandillas en Centroamérica ha posicionado a el Salvador como el país con la tasa de homicidios más alta en Centroamérica, con una tasa doble que la de México. Las maras tienen fama de matar a gente a machetazos. Otra mujer del Salvador, Dinora Martinez, fue forzada a escapar con su familia después de que las maras les dieron 24 horas para irse. Por qué? Su esposo salvó la vida de una mujer marera que fue herida en un balacera.

Maria Yanneth López, 37, una trabajadora social proveniente de la ciudad del puerto colombiano de Buenaventura, junto con su hijo Fernando de catorce años, tuvieron los recursos para volar de Colombia a México después de que su esposo fue secuestrado por miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Su cadáver fue encontrado más tarde, con señales de tortura antes de su ejecución.

La historia de inmigrantes que huyen la violencia y represión en América Latina y buscan asilo político en los Estados Unidos es la historia de Yanira, Odalma, Dinora y Maria. También es la historia de los niños pequeños y vulnerables que se ven atrapados en el medio y atraviesan el peligroso camino con ellas.

No todos sobreviven el viaje. Los que sí, tienen una historia que compartir – una historia que los votantes (y no votantes) estaudunidenses no escucharon durante la reciente campaña presidencial en donde trabajadores indocumentados y solicitantes de asilo fueron descritos como criminales o delincuentes que vienen a los Estados Unidos a robar puestos de trabajo.

Hay miles y millones de Marias y Yaniras huyendo por sus vidas buscando un lugar seguro y ni siquiera la elección del Presidente-electo Donald Trump y su feroz retórica excluyente, sus promesas de deportaciones masivas, o sus intenciones de construir un muro en la frontera los detendrá. ¿Que hay que perder cuando quedarse en casa significa una muerte segura?

El destino de millones de inmigrantes indocumentados y las oleadas de refugiados en busca de asilo depende de la agenda post-inaugural de Trump, la de su gabinete y circulo interno, así como la influencia de los líderes republicanos del senado y la cámara. Lo que queda por descubrirse es si Trump cumplirá sus promesas de campaña o si sus palabras se volverán polvo ante la realidad de gobernar.

Donald Trump looks behind his shoulder before he calls Laredo Mayor Pete Saenz to the podium to speak. Photo by Scott Ball.

Scott Ball / Rivard Report

Donald Trump en Laredo durante un evento de su campaña presidencial.

Por ahora, solo puede haber especulación, pero para los solicitantes de asilo buscando refugio, la supervivencia diaria es la preocupación más urgente. Todo lo demás está fuera de sus manos, pero nuestras entrevistas con personas quienes han sido liberadas de centros de detención en el sur de Texas y han establecido residencia en Casa Raices, comprueban que la preocupación se ha transformado a miedo absoluto.

La ansiedad es un constante para las mujeres y niños que se hospedan en Casa Raices, un refugio local fundado en el 2015 por the Refugee and Immigrant Center for Legal Services (RAICES), una organización en San Antonio sin fines de lucro que proporciona servicios legales gratuitos y de bajo costo para niños inmigrantes de bajos recursos, familias y refugiados.

La Casa, una residencia modesta de color verde y blanco, es dirigida por voluntarios dedicados que proporcionan servicios de liberación segura para los inmigrantes que salen de los centros de detención federales. Los inmigrantes suelen quedarse entre 12 y 48 horas mientras disfrutan de comidas saludables caseras, nuevas prendas de ropa y se les otorga artículos de tocador o otros productos esenciales antes de que continúen su trayecto a través de camión o avión para conectar con un miembro familiar que vive legalmente en el país.

Para los afortunados, una nueva vida en una nueva ciudad donde se habla un idioma desconocido los espera. Todo lo demás y todo lo que sigue, por ahora, sigue siendo un misterio.

El aumento de las mujeres y los niños no acompañados fluyendo a los EE.UU. pidiendo asilo ha mantenido al personal de RAICES muy ocupado. Muchas de estas personas están huyendo la violencia del "Triángulo Norte" de Guatemala, Honduras y El Salvador, tres países con una de las tasas más altas de homicidios y pobreza en el mundo. Desde el 2011, las solicitudes de asilo hechas por centroamericanos han aumentado un 1,789% por ciento.

Después de que el flujo de menores no acompañados cruzando hacia los Estados Unidos incrementó a más de 44,500 en el 2014, el gobierno estadunidense comenzó a presionar a México para que intensificara las detenciones y le ha dado un montón de dinero al gobierno mexicano para que las autoridades federales mexicanas aseguren la frontera sur con Guatemala. Esto ha hecho que el viaje se vuelva más peligroso para los migrantes que buscan rutas alternas en México, dijo Amy Fischer, directora de políticas para RAICES.

En el 2013, México detuvo a 9,600 menores, mientras que en el 2014, ese número subió a 36,000, el mismo año que estados unidos le mandó más fondos a México para detenciones. En el 2015, 36,000 menores fueron detenidos, de acuerdo a un reporte de Human Rights Watch.

Y más están llegando. Datos recientemente publicados por la administración de Obama revelan que en el año fiscal del 2016, que terminó en septiembre, casi 409,000 inmigrantes fueron atrapados tratando de cruzar la frontera Sudoeste de la frontera estadounidense. La mayoría eran de El Salvador, Honduras y Guatemala. Eso es un aumento del 23% comparado con el 2015.

Durante el trayecto, las personas escapando violencia la vuelvan a encontrar en el camino hacia el norte en forma de violaciones, asaltos y robos. Muchas veces, la dignidad es lo primero que se pierde en el camino.

"Alrededor del 80% de las mujeres y las niñas son violadas en su viaje por México," Fischer le explicó al Rivard Report. Los migrantes también sufren robo, secuestros y hasta la muerte. La mayoría de las veces, las autoridades corruptas en México son cómplices.

En la Frontera

Maria Yanneth Lopez, 37, sits with her legs crossed on her temporary bed at Casa RAICES.

Scott Ball / Rivard Report

Maria Yanneth Lopez, 37, se sienta con sus piernas cruzadas en su cama temporal en Casa Raices.

Para aquellos logran llegar a la frontera entre Estados Unidos y México, aún existe el temor a hacia la migra.

“Me sentí peor que delincuente,” dijo Maria Yanneth, mientras explicaba como la trataron las autoridades fronterizas en el sure de Texas.

“Nos dijeron cosas vulgares y nos trataron horrible,” agregó con enojo. “Yo no entiendo inglés, pero la vulgaridad en cualquier idioma se entiende.

“Son muy irrespetuosos. Honestamente, yo me arrepiento de haber venido aquí, por lo que tuve que vivir…Yo pensé que iba a llegar a este país y recibir apoyo. Me hubiera ido a Italia o a España.”

No todo el mundo llega a la frontera EE.UU. Algunos viven situaciones muy violentas antes de que puedan huir.

“A mí me secuestraron con mi esposo y me liberaron a mí, pero mi esposo apareció muerto…su cuerpo torturado, sin un brazo y una pierna,” dijo Maria Yanneth, con ojos llorosos y una mirada lejana. “Ellos estaban pidiendo dinero que nosotros no teníamos. En Colombia hay pandillas que te hacen pagar por operar tu negocio. Le llaman vacuna. Nos pidieron más dinero y mi esposo dijo que no iba a pagar. Se confío.”

El desafío del esposo de Maria Yanneth le costó su vida y provoco que los familiares sobrevivientes salieran corriendo.

Cuando ella reportó el asesinato a las autoridades locales, miembros de la FARC se enteraron y amenazaron con volver a secuestrarla. Ella y su hijo Fernando escaparon en el primer vuelo que encontraron, antes de que pudieran localizarla.

“En mi país, yo era una trabajadora social, soy una mujer con educación, no soy una persona ignorante. Yo les dije (a las autoridades migratorias) que esto me hace sentir como una criminal, cuando no lo soy,” Maria Yanneth dijo, mientras apuntaba a su grillete electrónico, el cual todas las mujeres son obligadas a usar después de salir de las detenciones. “Estas son cosas inhumanos. Si no lo quitamos, nos deportan.”

Maria Yanneth Lopez reveals her GPS monitoring device on her right ankle.

Scott Ball / Rivard Report

Maria Yanneth Lopez revela su grillete electrónico enganchado en el tobillo de su pie derecho.

El Rivard Report entrevisto a mujeres buscando asilo quienes se entregaron o fueron arrestadas en la frontera en en lado estadunidense y ellas describieron una experiencia espantosa. Sin ninguna explicación, los agentes fronterizos transportaron a la personas a un lugar que los inmigrantes llaman la hielera, una cuarto frio y pequeño en donde permanecieron por 24 horas o más. Luego fueron transferidas a “la perrera,” donde pasaron otros dos días dentro antes de ser llevadas a uno de los centros de detención para familias.

“La perrera es una jaula. Es como poner a un perro allí dentro,” dijo Odalma. “Es muy inhumano – solo por cruzar la frontera, alguien que nunca le ha hecho daño a nadie, es tratado como un criminal. Cuando yo pedí un poco de agua para mi hija me dijeron que fuera al baño y la tomara del lavabo.”

De hecho, las autoridades federales no tenían un sistema para diferenciar entre delincuentes, inmigrantes indocumentados y las mujeres y niños solicitando asilo.

Odalma, 28, and her daughter Yanessa, 2, sit for a portrait on their temporary bed at Casa RAICES.

Scott Ball / Rivard Report

Odalma, 28, con su hija Yanessa, 2, se sientan en su cama temporal en Casa Raices para un portarretrato.

Buscando Asilo

Manoj Govindaiah, Procurador general de RAICES, quien está a cargo del proyecto legal con la familias en detención, coordina con los abogados en los centros de detención en Dilley y Karnes en el sur de Texas, donde familias son detenidas. Los abogados representan a individuos durante sus audiencias de asilo ante jueces federales.

RAICES Managing Attorney Manoj Govindaiah.

Scott Ball / Rivard Report

Procurador general de RAICES Manoj Govindaiah en su escritorio.

Govindaiah le dijo al Rivard Report que nos es ilegal pedir asilo y que técnicamente, cuando esos individuos ponen pie en tierra estadunidense y piden ayuda, están cumpliendo con la ley.

“Bajo nuestras leyes, no puedes solicitar asilo afuera de los Estados Unidos,” Govindaiah explicó. “Si tú vives en Honduras y tienes miedo, no puedes ir a la embajada y decir ‘yo quiero solicitar asilo.’ Tienes que estar físicamente en los Estados Unidos.”

Govindaiah llamó las promesas de campaña de Trump, como por ejemplo las deportaciones masivas y la construcción de un muro de seguridad fronteriza, “horripilantes.”

El plan de inmigración de Trump tiene como objetivo  “aumentar las normas de la admision de refugiados y solicitantes de asilo para acabar con los abusos,” una referencia a la creencia de que muchos inmigrantes solicitan asilo como una manera de colarse a los Estados Unidos solo por razones económicas o personales. El plan negará beneficios a los solicitantes de asilo y detendrá a cualquier inmigrante desde el momento que es aprehendido hasta su deportación.

Los que entrevistan a los solicitantes de asilo después de su largo camino hacia el norte no dudan su honestidad.

Aunque Trump afirma que la postura del presidente Barack Obama es suave, los números del Departmento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security) muestran que la administración de Obama ha deportado a más personas que cualquier otra administración en la historia y ha rebasado los números de deportaciones realizadas por todos los presidentes del siglo 20. Entre el 2009 y el 2014, 2.4 millones de personas fueran deportadas, de acuerdo al Pew Research Center.

“Los solicitantes de asilo son personas que están huyendo horribles situaciones de violencia y no tienen otro lugar a donde ir,” dijo Govindaiah. “¿Quién toma la decisión de recoger sus pertenecías, dejar todo atrás y simplemente correr por su vida?” Nadie hace eso fácilmente. Y si no pueden encontrar refugio en un país que tiene los recursos adecuados para apoyarlos, ¿entonces a dónde se pueden ir?

Historia e Intervención Estadunidense

Los Estados Unidos, un país fundado y construido por inmigrantes, parecía que nunca necesitaba muros. Esa percepción ha cambiado.

“Si lo piensas, los primeros colonizadores de Europa estaban escapando persecución religiosa, entonces vinieron aquí,” Govindaiah dijo. “Si no tomas en cuenta la forma en que destruimos a los nativos americanos, este país fue fundado por refugiados.”

Los EE.UU. tiene obligaciones y tratados internacionales que debe cumplir, Govindaiah añadió, y no proporcionar refugio a los necesitados sería "una traición completa de nuestra historia."

Fischer está de acuerdo que alejarnos de esa tradición sería “vergonzoso.”

“Tenemos que entender que nosotros, como nación, hemos tenido mano en mucha de la inestabilidad en Centroamérica y que no somos inocentes en esta situación,” Fischer explicó. “Ser cómplices en la inestabilidad que está pasando en estos países y al mismo tiempo darles la espalda a aquellos que huyen buscando ayuda es totalmente inexplicable y anti-estadunidense.”

Fischer menciono la participación de EE.UU. en el golpe de estado de 2009 en Honduras, que destronó al presidente democráticamente electo, José Manuel Zelaya, y causó una gran cantidad de represión estatal y un aumento de violencia.

"Lo que está sucediendo allí no se encuentra en un espacio vacío," añadió. "También es nuestra responsabilidad."

Además, el comercio multi-millonario de las drogas illicitas que alimenta la gran parte de la violencia y las pandillas en Latinoamérica que las personas están huyendo, está directamente relacionada con el consumo de drogas al norte de la frontera – en los Estados Unidos.

“Cuando analizamos a estas pandillas que tienen tanto control (en un país como Honduras), las raíces de eso están en los Estados Unidos,” Fischer dijo. “Las personas fumando marihuana o probando cocaína … estamos siendo cómplices en la misma violencia que resulta en que una mujer decida dejar su país porque pandillas la han golpeado o han amenazado a sus hijos.”

Muchas mujeres no tienen más remedio que embarcar en una viaje lleno de peligro, Fishcer dijo.

Es su última oportunidad.

Aprehensión

Una vez que los migrantes son detenidos en la frontera, el único factor que decide si son liberados o trasladados a centros de detención depende de las camas disponibles en los centros, Govindaiah dijo: "Es completamente al azar."

Con el fin de no mantener a los individuos en la oscuridad sobre el proceso de asilo, Govindaiah dijo, voluntarios y abogados visitan los centros de detención y les proporcionan consejo legal a las familias.

Karnes County Residential Center.

Scott Ball / Rivard Report

Karnes County Residential Center.

“Estamos allí como de cuatro a cinco días a la semana y cada día hablamos con 60 o 70 clientes, así que son muchas personas con las que lidiamos,” Govindaiah dijo. “Quiero decir que en el 2015 tuvimos más o menos como 400 voluntarios ­– entonces abogados, interpretes, investigadores y profesionales de salud mental.”

Antes de que un juez recientemente dictaminó que mujeres y niños no podían ser aprehendidos en centros de detención durante más de 20 días, “las familias duraban varios meses dentro, incluso por un año,” Fischer explicó. “El problema aquí es que las condiciones no han mejorado y el sistema está estructurando en su contra. Ellos están en riesgo de ser deportados hacia la violencia que estaban huyendo.”

Entrevista de ‘Temor Creíble’ 

“Después de haber tenido está experiencia tan terrible con las autoridades fronterizas, donde los agentes se portan increíblemente groseros, los inmigrantes son llevados a Karnes o a Dilley y tienen que pasar una entrevista de 'temor creíble,'" dijo Govindaiah. “Tienen que explicar por qué huyeron de su país y tienen que comprobar que han sufrido persecución o que tienen miedo de persecución futura. Y después tienen que demostrar que su gobierno es incapaz o está indispuesto a proporcionar protección.”

Karnes City, Texas.

Scott Ball / Rivard Report

Karnes City, Texas.

Govindaiah dijo que a muchas personas les cuesta abrirse emocionalmente con los oficiales porque vienen de países en donde la gente le tiene miedo a cualquier persona en uniforme. Es difícil que ellos sepan con quien pueden confiar en este lado de la frontera.

“De repente te ponen en esta entrevista con un extraño que no habla español,” añadió. “Y hay un intérprete por teléfono, pero esa persona tiene que revelar sus secretos más profundos y oscuros como ‘me violaron’ o ‘mataron a mi hermano’…todas estas cosas horribles que son difíciles de contar…o han sido tratados como mierda desde que llegaron a este país, ¿entonces por que se abrirían a platicar con esta persona?”

Esto, Govindaiah dice, es el mayor desafío que enfrenta. Muchos solicitantes de asilo se han resignado al abuso diario en sus vidas, que ven el trauma y la violencia como algo normal.

“Por ejemplo, alguien que ha sufrido décadas de violencia doméstica no se da cuenta que esta violencia no debería de estar pasando – que como ser humano ellos tienen el derecho a existir en este mundo de una forma que no incluya el abuso regular,” dijo él. “Ese concepto quizás ni siquiera exista en sus mentes.”

Un Sistema Roto

Muchas de las mujeres no se dan cuenta que es un juez, no oficiales, quienes deciden quien gana asilo. Los solicitantes de asilo deben llenar una solicitud en inglés, someterse a un análisis de huella digital, una sesión de interrogación y están obligados a presentar pruebas que comprueben sus afirmaciones.

Las fechas límite en la corte convierten el proceso en un reto aún mayor.

“Tienen que solicitar asilo dentro de un año de entrada (al país). Si no es así, los deportan en su ausencia, entonces tienen órdenes de arresto.”

El proceso de asilo es largo. Las fechas de audiencias y juicios en los tribunales de inmigración estadunidense, donde la asistencia es obligatoria, están dispersos a lo largo de varios años.

“Hay demasiados casos y no suficientes cortes,” Govindaiah dijo. “Alguien puede estar aquí por cinco o seis años y todavía no saben si se pueden quedar. Entonces te regresas a tu país después de estar aquí por cinco o seis años ¿y luego qué? El sistema no tiene sentido en lo absoluto. Es muy largo, así que es imposible seguir la ley al pie de la letra y hacer todo de la forma correcta.”

Sin la ayuda de Govindaiah y los otros abogados, muchos solicitantes de asilo estarían perdidos y sujetos a arresto o deportación.

“De cierto modo, siento como están posicionados para fallar,” dijo Govindaiah. “Las personas están entrando y se les dice que van a tener una cita en la corte pero no les dan ayuda, recursos, o información sobre qué hacer sobre esa cita o como funciona.

“Yo creo que necesitamos un mejor sistema para procesar los casos de una manera más eficiente. Creo que el sistema hoy en día está roto.”

Encontrando Refugio

Después de que las familias detenidas son liberadas de Karnes o Dilley y pasan sus entrevistas de temor creíble, son llevadas por autobús al centro de San Antonio. Si no fuera por un ejército de voluntarios dedicados quienes vienen por ellos a la estación Greyhound a ofrecerles refugio, probablemente pasarían su primera noche fuera de detención en la calle. Los voluntarios los llevan a Casa Raices, un lugar que muchos simplemente llaman “Casa.”

La casa sirve como un punto de transición, mientras encuentran la manera de llegar a su siguiente destino en este nuevo país. Varios tienen a un familiar o un punto de contacto quien puede servir como un “patrocinador” mientras completan el proceso de asilo legal.

A las mujeres y niños se les asignan sus propios cuartos y se reúnen en la cocina para compartir historias. Algunos hablan el mismo idioma, otros no. La mayoría de ellos finalmente encuentran una sensación de tranquilidad aquí, una mano de ayuda. Las mujeres ayudan con el mantenimiento de la casa y cuando llega el momento para cocinar, todas colaboran con el personal de Casa Raices a cargo ese día. Muchas veces esa persona es Yanira López Lucas, una mujer de 42 años de edad proveniente de Guatemala que pasó por esa misma casa cuando fue liberada de detención.

Yanira Lopez Lucas prepares iced tea for the women staying at Casa Raices.

Scott Ball / Rivard Report

Yanira Lopez Lucas prepara té helado para las mujeres que se hospedan en Casa Raices.

Ella ha estado viviendo en los Estados Unidos por más de un año y ahora posee una identificación de Texas y un permiso de trabajo. Sus tres hijos, Daniel, David y Melany, toman clases en una escuela cercana mientras ella trabaja en Casa Raices para ayudar a otras mujeres que están viviendo lo que ella vivió.

Yanira y sus hijos están muy lejos del altiplano en Guatemala. Y aunque fueron forzados a huir para salvar sus vidas, eso no significa que no echan de menos a su hogar y todo lo que perdieron allí. Cada día, Yanira se las ingenia para preparar diferentes platillos para alimentar a las mujeres. Ella les muestra cómo utilizar el teléfono de la casa para llamar a miembros de sus familias. Le “llega el sentimiento,” ella dijo, cuando las madres recién llegadas le cuentan sus propias historias desgarradoras.

"Algunas cruzaron puente, otras cruzaron rio, pero la mayoría han pasado desiertos o usado el tren por México,” Yanira dijo. “Pero son experiencias muy difíciles y eso hace que uno se identifique con las nuevas madres que vienen a contar sus historias. Yo les digo ‘Si es cierto, porque yo lo viví,’ porque cuando yo estaba sola viví la peor pesadilla de mi vida. En esta casa hacemos que ellas se sientan como en casa, como en familia.”

Yanira lo ha escuchado todo: mujeres que dicen que se treparon arriba de trenes – los migrantes le llaman ‘la bestia’– para poder pasar por México, otras sufrido secuestros por cárteles y mujeres que se han vuelto locas adentro de la perrera porque las separaron de sus hijos.

“Se me escalofría la piel con solo pensar,” ella dijo. “Yo entiendo lo que viven, por el trauma que uno pasa en su país. Uno viene con la mentalidad a este país de que lo van a ayudar y solo recibe uno insultos.”

Yanira dice que Trump está loquísimo. Ella no entiende porque las personas lo apoyan a él y a sus posturas.

“Como le dije al de migración: Yo no estoy aquí porque quiero venir de vacaciones. En mi país yo estaba con mis hijos, trabajando, la comida no faltaba, yo tenía una vida feliz y iba a jugar soccer con mis amigas…de la noche a la mañana tuvimos que escapar rápido por la situación que vivimos.

“Lo único que uno viene a pedir aquí es ayuda,” agregó Yanira. “No le viene uno a quitar nada a nadie, no le viene a quitar ni un puesto a nadie, no viene uno a que el gobierno lo esté manteniendo, sino que lo único que uno desea es ayuda por lo que uno está viviendo en su país."

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